Málaga, 9 de febrero de 2014
Faltaban tres minutos para llegar a las ocho de la tarde del domingo. Tras remontar una desventaja de siete puntos a poco más de un minuto del final, Brad Oleson encestaba el tiro libre adicional que daba un punto de ventaja a su equipo. Sin tiempos muertos para preparar la última jugada y con sólo 8,8 segundos de partido por delante, Mirotic recoge el balón y se la pasa a Sergio Rodríguez, el Chacho, que recorre toda la pista bien defendido por Sada. Tras intentar levantarse para tirar y acosado por la ayuda defensiva de Papanikolaou, ve a su derecha a Sergio Llull solo y abierto para recibir. A falta de tres segundos para el final, Sergio realiza el pase en salto -tan odiado por los entrenadores- hacia su tocayo, el número 23 del Real Madrid. Liberado de toda defensa, el Increíble Llull se levanta, tira y anota la canasta decisiva. Su partido fue gris, sobre todo en ataque, pero ese tiro le convirtió en el héroe de la noche.
76-77 en el marcador y únicamente una décima de segundo en el reloj. El Barcelona pide tiempo muerto para intentar organizar un palmeo, la única jugada permitida con ese tiempo, y aunque Tomic llega a tocar el balón no consigue anotar. Final del partido y la Copa del Rey vuelve a Madrid.
Todo esto pasó en 8,8 segundos. Durante los 39 minutos y 51 segundos anteriores, el espectador pudo ver un partido con más emoción que juego, más intensidad que acierto y más defensa que ataque.
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